No prolongues
La entrega.
Tú sabes que
El salvoconducto
De tu caricia
Es la única llave
Que a mi corazón
Libera.
No alargues la espera:
Esta era
De desolación y pena
Empuja mi ilusión
Hacia un punto
Sin retorno,
Donde el horno
De la desesperación
Termina
Por consumirme.
Ven ahora,
Antes que la humareda
En mis ruinas nuble
Tu nombre,
Antes que el silencio
Te pronuncie
En mis latidos.
No demores
La aproximación
De tus manos
Sobre mi plexo:
Soy un pábilo
Que aún resiste,
Este vórtice,
Este vértice,
Este borde
Que me hace temblar
Al filo del olvido.
Entrégate,
Y deja que tu luz
Rompa el cerco,
Que la pulsión
De tu pecho
Restituya
Lo que el tiempo
Ha sitiado.
Si tardas,
Mi corazón,
No tendré puertas
Que abrir,
Ni quedarán cenizas
Capaces de recordarnos.
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