2009/09/30

3067 Gorgeo de palomas postdiluvianas

Si el deseo de besos
Llenara tu garganta
Y te impidiera mi nombre
Una noche sin lunas
Musitar.

Unos pájaros añil
Que volarán desde mis manos
Con sus alas acariciadas
Por el temporal,
Serán quienes libarán
Presurosos
Como ante rey oriental,
Aliviando la carga
De tu polen interior.

Irán planeando sobre nubes
Como un Ícaro
Sin soles, un ángel
Corporizado
Por el deseo de mimar.

Juntos entonces trinaremos
Como gorriones pequeños,
Y desde nuestro pecho de oirá
El gorjeo de palomas
Postdiluvianas
La voz de nuestro amor
Sin tiempo profesar.

3066 La metamorfosis de las libélulas que viven en tus ojos dormidos

Asisto cada mañana
Al espectáculo
De verte
Al momento
De despertar.

Presencio ante ti
La metamorfosis
De las libélulas
Que viven
En tus ojos dormidos
Cada mañana
Cuando despejas
El cielo de los sueños
Con tu apacible respirar.

Atornillada a mi
Allá dentro
Una nube me vaga
En torno a la habitación
En donde estas.

Mientras los astros
Más arriba,
Allá en su bóveda celeste,
Etéreos danzantes
Giren a su ritmo,
La esperanza de quererte
Como te quiero
Muy dentro, bien dentro,
Me permanecerá.

3065 Mis puertas estarán abiertas

Cuando el impulso de tu brazo
Se canse como por instinto
De llamar.

Y la pulsión de tu pecho
Se hastíe de buscarme
Sin nada que sentir.

Y mis puertas estén abiertas
Pero se te haya prohibido
Al país de mis besos
Volver a entrar.

Tú que estuviste dentro
Por tantas lunas
Regodeándote en mi centro
Como la reina Vasti
En su palacio imperial.

El tsunami de tristeza
Se hundirá en tus ojos
Rebosando tus cuencas
Con agua marina
Sabor a sal.

Te sobrevendrá
De un solo golpe
La tristeza antigua
Que vive en la puerta
Contigua al dolor.

Mis puertas estarán abiertas
Pero se te habrá prohibido
Al país de mis besos
Volver a entrar.

3064 Este no es un depósito de lágrimas

Es solo un océano sideral
Que se ha ido acumulando
A lo interno de mis ojos
Justo desde el día aquel
En que quizás por azar
Lejos de mi tierra
Y de mi parentela
Te fuiste a vagar.

Y aunque acá tenga
Fosas de las Marianas,
Triángulos de las Bermudas,
Una nítida región abisal
Aunque en mis ojos baldíos
Tenga un mar de los Sargazos
Una Atlántida sumergida
Unos titánicos barcos
Perdidos en su delirar,
Esto no es un depósito de lágrimas
Es solo un Mar de Aral
Que se me secará un día
Cuando de mi pecho curado
Te haya desarraigado
Con cada gota evaporada
Por el fuego de mi suspirar.

3063 Detonador de la dicha

Me apostaré tras las barricadas
A resguardarme
Sigilosamente
Y con la precaución sobria
Que estos casos ameritan.

Cuando presiones
El detonador
De la dicha
En presencia
De todos y todas
Y como si fuesen
Plantas pioneras
Empiecen a evolucionar
Ante nuestros atónitos ojos,
Esa gigantesca colección
De binomios fantásticos
Que tengo guardados
En secreto para ti.

Y que para ti me sean dadas
Las mágicas palabras
Como verde y océano
Y ondas y baluarte
Y destello y precipicio
Y locura y delirio
Y contigo y volar.

3062 Como hombre de la Atlántida

Cómo haré para poner
Puertas que mantengan a raya
A esta extensa
Pradera marina de talasia,
Cómo acorralar el sentimiento
Que desde dentro
Me desborda
Como oleada mágica.
Dónde exactamente
Construir los diques
Para retener en su sitio
Este mar de los sargazos
Que me envuelve el corazón,
En qué rincón, dolina, ocaso
Ocultar el detector
Del tsunami de rencor
Que me llega en oleadas.

Si tú,
Desde tu batiscafo submarino
Me ves engullir la desidia
Y este tiempo perdido…
Y estas ganas henchidas
De vivir,
Que me empujan a salir
De estas angostas fosas
En las que voluntariamente
Tras tus falsas perlas
Como hombre de la Atlántida
Sin más ni más descendí.

3061 Prestas tus manos

Esta tarde rosada
Luego del paso del sol,
Cuando en mi cuerpo
Reposa estático
Tu polvo interestelar,
Mi alma ha florecido.

E imagino
Si cuando te hayas ido
¿Perderé los pétalos
Que me brotan de dentro
A cada aspiración?

Sólo si un océano de gotas
Del diluvio universal
Caen sobre mis alas
Y no están prestas tus manos
Cual biombo celeste
Para protegerme
De la desilusión y el mal.

3060 Como conchas de un bivalvo

Vendrá el olvido
En una alfombra verde,
Purpura o de mezcal.

Y con mis propias manos
Será detenido
En las aduanas del querer
En donde minuciosamente
Se le requisará
Las lujuriosas verdes palmeras
Aquella tarde de febrero
El turquesa y el añil
Del ancho mar,
Le será cateada la tristeza
Que tenías a mi encuentro,
El susurro de tus olas,
La ventisca de mi alma
Aquel día sideral
Que se movía como onda
En la tarde sin par,
Cuando nuestros cuerpos
Como conchas
De un bivalvo unimos
Con nuestros pechos abiertos
De par en par.