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20240407

5686 Murciélagos del orden de la desdicha

Con tu artimaña, 
Me mordiste el corazón 
Y mi vida se infectó; 
Sentiste deleite 
Con la liberación de tus toxinas, 
Y yo quedé 
Con mi ilusión malherida.

Fui un bosque cerrado mientras tú, 
Chacal traicionero, 
Con colmillos de dolor; 
Era un parque marchito y tú, 
Gato indiferente, 
Me arañaste el corazón; 
Yo, un desierto tranquilo, 
Y tú, serpiente venenosa mordiente, 
En un jardín de falso decorado, 
Fuiste una araña engañosa 
Que enredó mi razón.

Lo que creí ser una fuente de amor, 
De la jaula de tu pecho 
Emergieron zorros de traición, 
Linces de engaño, 
Coyotes de desamor, 
Monos de la desesperanza, 
Pirañas que mordisquean, 
Infectando de melancolía; 
Murciélagos del orden de la desdicha, 
Portadores de la oscura desesperación.

20240323

5632 Tu mordisco en primavera

Tu blanca serpiente
De veneno dulce 
Muerde con lentitud 
Mis equinoccios, 
Y a su causa, 
Despierta la primavera 
En mi cuerpo. 

El bálsamo de tus besos 
Calma las ansiedades 
Prematuras que asaltan 
Mi mirada, otrora serena. 

Muérdeme con la lentitud 
De cada uno de los ocasos, 
Que tu pócima penetre 
La coraza de mi epidermis; 
Que bañes con tus soles 
E ilumines con tus rayos 
Mis mielinas hibernantes; 
Que me inunde cada célula, 
Para que el peso que llevo 
En mi pecho se disipe, 
Vaciando el angustioso cofre 
De todas mis malditas penas.

20220405

4529 Yo quería desprenderme de la pena


Yo quería desprenderme de la pena 
Como si se tratase de un cotiledón caedizo.

Que se me fuese del alma la tristeza
Como la cáscara de una almendra,
Como una hoja madura en otoño,
Como una estrella cadente 
Que se desengancha del firmamento
Y leve y breve cae al precipicio.

Yo quería abandonar el desconsuelo
Como abandona el polluelo 
El cascarón al eclosionar.

Mudar de piel como de agobio
Como si fuese una serpiente
Soltar la escama de armadillo,
Como concha de nautilos,
Como un diente de leche.

Dejar ir el recuerdo amargo
Que como cometa al viento
Se desprende de su cuerda,
Que cayeran mi sarta de cuentas
Como de un collar de perlas,
Dejar a la deriva mi barca de velas
Con sus alas rotas 
por las ráfagas de una borrasca
Como el vestigio de nieve 
que arrastra la tormenta.

Abandonar en la tumba del olvido
El recuerdo maldito 
Que me cose por dentro la herida. 

Yo quería desprenderme de la pena 
Como si se tratase de un cotiledón caedizo.


20220402

4516 Lo dejé todo y te seguí


Así era mi vida cuando te asomaste
Dirigiendo tus pupilas hacia el desastre
De existencia que llevaba:

Una esfera inerte sin vida ni nada de verde
Que echó a rodar por la pulsión de verte.

Estaba inmóvil, sin vida aparente.

Sólo observaba.

Desde mi refugio de famélica tarántula,
Como antigua serpiente que vigila su presa,
Con ojos de leopardo lleno de ansias.

Cuando el tambor de tu voz repicaste
Inició el mecanismo motriz que me animaba
A salir de mi letargo,
A romper la hibernación,
A saltar a las aguas azules de tu calma.

Lo dejé todo y te seguí,
Con una ansiedad inusitada.

Fue la muerte de mi mismo y no advertí
Viví una transición no anticipada.
Sentí placer, no supe nada,
Volví a la vida al compás de tu llamada.

Abandoné el árbol, el ave, la rosa,
Las letras de mis islas, 
El aire debajo de mis alas,
Mis verdes pálidas olas, 
El rayo de luz 
Que iluminaba mi cabeza 
Como el nimbo,
Mi copa rebosada, 
El oro, el basto, la espada.
Como sonámbulo 
En un funicular de fuego 
Tú me hiciste ascender hasta tu nube
Con la fuerza de atracción de tu mirada.

20220122

4397 Con forma de serpiente

Esperaba estratos,
Soleados cúmulos,
Robustos cirros,
Gigantescos nimbos.
 
Tú me enviaste
Una nube extraña
Con forma de serpiente
Como santo y seña
De lo que guardabas
Con dulce nostalgia.
 
Para ti era ideal
Lo que recordabas
Pero en mi pecho
Solo resonaba
La certera dentellada
Que le diste
En mi lecho
A mi pobre corazón.
 
Hay letales
Pitones en Birmania,
Que abrazan a su presa
Con sagacidad y maña.
Hay veloces
Serpientes cascabel
Que añaden un aro
Como trofeo a su piel.
Y mambas negras
Que por doquier
Ofrecen mordiscos
Sucesivos y fatales.
Hay danzantes cobras
Que disparan fusiles,
Perfumes de nácar
Pérfidos y sutiles.
 
Ninguna provoca
Tantos males por miles
Como cuando yo
Me entregué
En ofrenda a la deidad
De tu cuerpo, alma y ser.