Yo estaba como los lirios,
Aferrado al terruño
De la congoja
Y mis flores eran otrora
Pétalo de un día,
Fugaz onda sonora
De mi garganta salía.
En un rayo nos amalgamamos
Como aleación de metales fríos,
La tristeza y yo,
Porque no te tenía.
Fui el loco ojo del camaleón
Que gira y gira en cada dirección.
Mi ser vivía
Sin sitio como un delirio,
Que vaga de puerto en puerta,
Que porta de parte en parte
La locura de la soledad.
Buscando sitio por todas partes
Tocando puertas, abriendo puertos,
Aullando como los lobos,
Del tarot, yo era el loco.
Pero ya en tu destino
Se había decidido
Que tus pasos y los míos
Se cruzarían como por azar.
En medio de mi oscuridad
Llegaste con la lámpara
De tu corazón en llamas
Iluminando mi latido oscuro
Lo mismo que si fueses
Santa Clara de Asís.
En la soledad me convertí
En un árbol en la nieve
Anhelé que tu alud de ternura,
Tu avalancha de mimos,
Tu oleada de fuego
Me abrasara
Hasta hacer reverdecer mis ramas
Cual si fuese la vara de Aarón.
Y como un vertiginoso tsunami
Tu lengua recorrió
Todo lo largo de mi lento glaciar,
Barriendo toda escoria vestigial
Que quedaba
En mi psique y en mi soma.
El mismo poema sensual
Me poseyó por dentro
Como la locura
Al rey Nabucodonosor.
Y entre el barullo de mi interior
Tu voz fue la más fuerte
Cuando me auguraste
Con tu voz omnipotente
Que serían míos
Tus ríos de agua cristalina
Y tus mares de oro
Y tus calles de cristal.
Y entre la bulla de mi corazón
Tu voz fue la más fuerte
Cuando me profetizaste
Con tu voz irresistible
Que sería mía
Tu nueva Jerusalén
Y tus murallas chinas
Y tus faros de Alejandría.
De entre mis catacumbas emergí
Como si fuese lo mismo
Que Lázaro convocado
A la mismísima vida.
La distancia Se metió entre nosotros Como una cuña Entre dos antiguos Mosaicos griegos, Separando los adoquines De los palacios De nuestro imperio.
Desmanteló Nuestra litera, Que en un tiempo Fue similar A la de la reina de Saba.
Como su palanca de Arquímedes, Fue removiendo tu luna y mi sol, Hizo girar En torno a un núcleo de nada, Nuestras pléyades y nuestro orión.
El espacio crece Como yerba en el patio Del rey Nabucodonosor, Y la locura me aparta, He perdido el apetito, Giro y gimo sin control.
La distancia se inserta Entre nuestros cuerpos, Como un tornillo abriendo espacio, Aprieta como un torniquete. Asfixia como una bolsa de plástico, El oxigeno nos retiene.
La distancia sirve para hender Escindir, separar, desunir Nuestros días, Nuestra alianza.
Perdimos nuestro punto de apoyo, Se ha ido la ilusión.
Y hoy, sin jactancia, Contemplamos desde cada borde, Cómo se separa el mar rojo, Al dictado de tu voz.
He tenido que moldearme A tu continente renunciando A mi forma y figura, He ajustado cada palmo De mi psique y mi soma A tus recovecos y curvas, Ultrapasé las limitantes Que me ofrecían tus lunas, Que me otorgaban tus besos, Que me indicaban tus runas.
En la horma de tu cuerpo Se ha henchido mi universo, Se ha expandido mi locura, Se ha colmado mi recuerdo, Me ha crecido la ternura.